Orden de la Cuchara de Palo

Tuesday, 02 de August de 2005

Camilo J. Cela y la Cuchara de Palo

©José María Suárez Gallego.

Maestre prior de la Orden de los Caballeros de la Cuchara de Palo
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(Publicado en Diario Jaén el sabado 19 de enero de 2002, y leído esa misma noche en el acto de entrega de los Premios Cuchara de Palo 2001, uno de los cuales recayó en el también viajero José Antonio Labordeta)
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Morirse es una cosa más de las muchas que te pasan cuando vives, pero con la salvedad –insalvable-- de que después que te has muerto ya no suelen pasarte muchas cosas mas, al menos en este paraíso perdido de la vida terrenal que los mas agoreros y pusilánimes llaman valle de lágrimas.

En esta mañana fría de San Antón --aquel santo varón, abad de cenobitas que pasó media existencia pastoreando animales y haciendo penitencia en el desierto-- se nos murió Camilo José Cela, el del Nóbel, el de los exabruptos escatológicos, el del vozarrón de trueno, el de la lengua de látigo, el de los cabreos cósmicos, aquel que en los últimos días de su vida descubrió los casi cien acrósticos que pueden hacerse con la palabra amor. Pero a fin de cuentas se nos ha muerto el inefable Camilo con el que compartimos aficiones gastronómicas y una modesta relación de caballeros de la Muy Ilustre y Noble Orden de la Cuchara de Palo.

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En 1990, recién recibido el premio Nobel de Literatura, le concedimos el primer Premio Nacional Cuchara de Palo, distinción que él aceptó y que recibiría un 31 de enero en su casa de El Espinar en Guadalajara, donde tras una larga sobremesa fue investido, junto a un ventanal abierto a la Alcarria, Comendador de la Orden de la Cuchara de Palo.

Camilo, muy en su papel, firme y con un semblante solemne, con sus manos grandes abiertas como continentes por descubrir y pegadas a los bolsillos mas australes de su chaqueta de explorador, recibía su medalla de caballero y su cuchara de palo inserta en un pergamino de plata que lo acreditaba como tal. Después de agradecer la distinción –Camilo tras su mala uva de buen español, escondía una educación de inglés encastado en gallego ferroviario-- me susurró mientras salíamos al jardín de la casa: “Convenzáse maestre prior a esta edad lo único que quiere uno es que lo quieran”, y al tratar de bajar el escalón que separaba la casa del jardín, un miembro de la Orden pretendió ayudarle sujetándolo del brazo, a lo que él soltándose con educado mal genio le espetó mientras bajaba: “Deje, deje, que yo opino como Picasso, que cuando se es joven, se es joven para toda la vida”.

Picasso necesitó casi ochenta años para pintar como un niño. Camilo precisó casi del mismos tiempo para aprender a escribir como un edolescente enamorado: “Se que me estoy muriendo, pero no de vejez, sino de amor”, le escribía a Marina, su segunda mujer.

Desde aquella anécdota , en los días previos a su cumpleaños –el 11 de mayo-- los caballeros de la Cuchara de Palo le enviábamos una caja de jarritas de aceite de Jaén, envasadas en Guarromán, con una nota de felicitación: “Cuando se es joven se es joven para toda la vida”. Días después, indefectiblemente, llamaba por teléfono, o escribía, alabándonos las bondades del aceite, el cual decía tomar todas las mañanas, y, sobre todo, repartiendo abrazos para sus amigos cofrades de la Cuchara de Palo, orden de la que decia sentirse honrado en pertenecer.

Aceptó también ser presidente de honor de la Asociación Internacional de Pueblos con Nombres Feos, Raros y Peculiares, y con tal motivo nos dijo: ¡No le cambien nunca el nombre a su pueblo! Cuando alguien les pregunte con una sospechosa sonrisa de donde son, digan ¡Soy de Guarromán, que coño pasa!, que eso es lo que hacía yo cuando me deje la barba y entraba a cualquier sitio y la gente se me quedaba mirando sin saber quien era.

Camilo José Cela nos dejó patente en aquel acto que el mejor amigo del hombre es el jamón, de ahí que vistamos los caballeros de la Cuchara de Palo una esclavina granate –el color del mismo— en nuestros actos solemnes, como lo es éste. Vió acertado que fuera San Antón nuestro patrón y protector, pues no en vano aquel santo varón tenía el mérito añadido de haber llevado un cerdo a los altares, como así es fácil verle en la imaginería propia del santo abad.

Ha sido precisamente un día de San Antón cuando Camilo deja esta vida y emprende la aventura de la otra a la sombra de un olivo milenario. Me lo imagino, como ustedes, frente a las puertas del paraíso clamando: ”San Pedro, soy Camilo ¡qué coño pasa¡”.

Esta noche, cofrade Camilo, te echaremos las honras con el vino que hemos comprado ahorrándonos las perecederas flores que no te hemos enviado para disimular la vulgaridad que es morirse. Ya lo decía tu pasiano Alvaro Cunqueriro por boca de Michelena: Sin vino no hay comida, y sin comida no hay salvacion ni en esta vida ni en la otra. Trataremos de salvarnos en ésta, y que tú te salves en la otra a fuerza de los tragos que como indulgencias le dedicaremos a tu memoria y a tu alma.

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Irremisiblemente alguien que elige la sombra de un olivo para poner el espacio de su eternidad, podrá ser un cascarrabias, a veces inaguantable para unos, pero nunca un necio ni una mala persona.

Te echaremos de menos, Camilo, y por favor espéranos muchos años. Ese es el trato convenido con San Antón, que en un día de su onomástica te llamó para poner orden en un cielo que cada vez, tristemente, se parece mas a la tierra desde la que esto a modo de homenaje y purga de mi alma te escribo en nombre de todos y cada uno de los Caballeros de la Cuchara de Palo, que en esta vida de vino y jamón tanto dijiste apreciarnos.

Mucha suerte en tu nueva patria de sombras de olivo, de la que tanto sabemos en estas tierras del sur a la que tú tanto apreciaste como veleta de culturas, de pasado y de futuros por ser vividos.
Un abrazo cofrade, te deseamos lo mejor para la Eternidad.


Leyenda de las fotos: En la primera, un momento de la tertulia en su casa del El Espinar en Guadalajara.
En la siguiente, los asistentes a la tertulia posan en el jardin a la caída de la tarde en El Espinar. Son de izquierda a derecha: José María Rodríguez Sánchez (vicepresidente y maestre de armas de la Cuchara de Palo), los hermanos guarromanenses Valentín y José Luis Caballero Blázquez, Abraham Álvarez Neff (caballero de número), el anfitrión Camilo José Cela, Benjamín Moreno Cañadas (director entonces de la televisión local de Guarromán), Luis Miguel Torrejimeno (director del Colegio Públíco Carlos III), Victoriano Hernández Garrido (caballero de número y vocal de actos), José María Suárez Gallego (presidente y maestre prior de la Orden), Manuel Franco Moya (empresario de la construcción), y Francisco Ramirez Cerón (caballero de número).



ALGUNA CORRESPONDENCIA MANTENIDA CON C.J.CELA
















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Cucharas sin fronteras, de Fabián Suárez Caballero

El acto de entrega de los Premios Nacionales Cuchara de Palo 2011 tendrá lugar el sábado 21/01/2012 en la Casa de la Cultura de Guarromán


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