Friday, 03 de August de 2007
Félix López Gallego
Publicado en diario
el domingo 8 de enero de 1995. Dominical pág. 44/VIII
Estas páginas que a continuación transcribo estaban inéditas a su muerte y vieron la luz con el mismo título que he retomado de "su testamento espiritual".
Ellas, por sí solas, son un compendio de amor, observación, de evocaciones, de esos pequeños detalles que día a día configuran nuestra vida, que de tanto verlos, nos pasan desapercibidos. Estos párrafos son para conservarlos y releerlos pues, siempre notaremos como un estremecimiento interior, como una vuelta al pasado, como un volver a mirar el rostro de nuestro hermano, de Dios. Así nos dejó escrito "Lolo".
Espero
Espero, mientras en la madrugada existe quien vigile una zanja, recoge una noticia, amasa un panecillo o dibuja planos de viviendas para otro.
Espero, mientras hay quien apriete sus codos a diario buscando verdades en los libros, se conduelen unos ojos de tanto mirar por las lentes de los laboratorios o persigue los nobles pájaros de un poema.
Espero, mientras en la calle se oye de continuo el alboroto de los niños, la risa de los jóvenes o el lento eco de los zapatos de los ancianos.
Espero, mientras pueda pregonar un vendedor, pitar un cartero, llamarse a un timbre o repicar un teléfono.
Espero, mientras toca una sirena y golpean los martillos, pía un gorrión o cualquier tiesto del balcón aguarda su primavera...
Espero, mientras una sopa se calienta a la lumbre o se abre un canutero, nos franquean una carta o la radio transmite una dedicatoria de discos...
Espero, mientras no necesite naftalina la palabra “amistad” alguien siga besando la frente, brinde el asiento del autobús u ofrezca un cigarrillo.
Espero, mientras se abrochen carteras de colegiales, huela a colonia el cabello de una chica, se sacan cochecitos de niños a los paseos y se rasgan las hojas de un tomo recién salido.
Espero, mientras puedan enviarse telegramas a mi nombre, acusar un “adiós", agitarse un pañuelo o corresponder con un “gracias”.
Espero, entretanto alguien me recuerde en la distancia y sonría en vez de crispar los puños, o si me encuentra, me abrace en el Metro.
Creo
Creo en el amor y la solidaridad de los hombres que hay más allá de las paredes de mi cuarto.
Creo en el poder y la fertilidad de la bondad, aunque parezca que la ahoga, aunque se sienta que, incluso, cruje pisoteada.
Creo en la esperanza de los niños que se entrenan y en la de los viejos, que, si se curvan, es sólo en el cuerpo, porque supieron guardar y avivar la lámpara de su corazón.
Creo en el perdón o la indulgencia, porque todos los odios mueren en el olvido de Dios que no se ofende.
Creo en esa vida sin empleo que es suceso, peripecia o probabilidad y también en la mía, la que es de mí mismo y de mis miembros, y en mi capacidad de supervivencia sobre la muerte, aunque me nuera, que nada eterno muere en el Dios que vino a morir y resucitar por nosotros.
Creo en la liberalidad de la pobreza, la paz de la fortaleza, la oportunidad del tiempo, el mensaje del dolor, la tranquilidad de la justicia, el poder de la fraternidad, el brindis de la felicidad y el don de la paz.
Creo en el cielo, aunque tenga para nosotros nubes de tentaciones, aunque lo enturbie la niebla de la angustia, aunque recoja rayos de furia humana, sereno siempre, con la luz del sol que todo lo invade de alegría. Y en ese otro cielo, del que doy fe y no perece, aunque lo olviden los mortales, porque nos lo enciende Dios, con esperanza y gesto del Padre de ternura y salvación.
No estoy solo.
Si mi corazón conserva una alegría de criaturas que tienen las manos abiertas y soy capaz de ir sacando más rosas que espinas del pasado.
Si me llenan más las luces que las sombras, las risas que las lágrimas, las ilusiones que los desengaños.
Si tomo el futuro con billete de esperanza y lo guardo en maleta atiborrada de fe y de mansedumbre.
Si saboreo el gozo del instante, sin el virus del ayer o la quimera del mañana.
Si confieso, me abro a un consejo o me brindo a una ayuda.
Si tanto me doy de mí que una tarde siento una sensación como de haber salido.
No estoy solo.
No estoy solo cuando alguien se muerde una lágrima para tomar la de otro; cuando el peso del mundo entero parece que doblega unos hombros y, sin embargo, no cae.
No estoy solo en la tremenda soledad del hombre que vive solo porque ya no hay olivos con sangre desde que Cristo agonizó entre otros radicalmente solitario.
No estoy solo, porque en el mundo no hay un hueco sin la presencia de Dios ni un pozo donde no se refleje la estrella de un destino.
No estoy solo si me acompañan los limpios pensamientos, los bellos recuerdos, las alegres ilusiones, las esperanzas.
No estoy solo, sin hombres o con hombres, a la noche o en el campo, en la vida o en la muerte, con luces, con sombras, porque Dios me ha hecho elemento de una malla que a todos nos une para salvarnos.
Fue una revista de Madrid, "Vida Nueva" la que sugirió la posibilidad de pedir el inicio del proceso de canonización, idea que la Asociación Amigos de Lolo - cuya sede se encuentra en la parroquia de San Francisco de Linares - tomó como propia y que bien comandada, efectúa las gestiones para someter a la iglesia la vida ejemplar y vivicadora de este singular linarense.
Personalmente, aún le recuerdo cuando vivía en la calle don Luis, en aquel sillón de madera que posteriormente cambió por el de ruedas, sentado frente al abierto balcón que daba a la plaza de la iglesia de Santa María, vigía y testigo de tantos acontecimientos, de tantas bodas, comuniones, bautizos y otros menos alegres.
Desde aquel balcón, desde aquel mirador privilegiado era inmensa la perspectiva. Desde él - ayer, como hoy – Lolo veía y gozaba bastante más del Cielo....
Su cuerpo reposa en el Patio Virgen de Linarejos del cementerio municipal de Linares. Una sencilla lápida con su nombre y en el ángulo superior derecho un acertado epitafio: "Aquí se ha sembrado una semilla de eternidad”.
NOTA: Con posterioridad a la publicación de este artículo, el 17 de Octubre de 1996, sus restos mortales fueron trasladados desde el cementerio de la ciudad que lo vio nacer hasta la capilla del Cristo de la Misericordia en la Iglesia de Santa María de Linares, donde reposan en la actualidad. En la lápida que cubre su tumba puede leerse la siguiente inscripción: MANUEL LOZANO GARRIDO, Escritor, Periodista y Venerable, SIERVO DE DIOS, 9-8-1920 / 3-11-1971.
Por: La Cuchara de Palo | Artículos de Félix López Gallego | Comentarios (1) | Referencias (0)
Sigo con bastante atención lo que incorporan en esta sección y les pregunto: ¿Piensan ustedes seguir incorporando mas articulos o colaboraciones de José María Suarez, Adela Tarifa o Félix Lopez? Por demás, me parece fantástico que por primera vez figure una dama dentro de tan respetable Orden. ¿Podría ingresar yo también? Los caballeros que aparecen en sus fotos me resultan todos admirables, pero les aseguro que alguna féminas, además de admirables, podemos ser encantadoras.
Charo | 04-08-2009 12:05:10
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