Orden de la Cuchara de Palo

Sábado, 03 de julio de 2010

José Rodriguez, recordado Comendador de la Queimada.

 

El Comendador José Rodriguez oficiando la Queimada en la Cena de San Antón de 2003

 

Decía Pablo Picasso que “cuando se es joven se es joven para toda la vida”, poniendo de manifiesto con ello que el reloj que marca la edad biológica de  nuestro cuerpo no siempre está sincronizado con el que señala la vitalidad de nuestro ánimo. Se ha dicho, y es cierto, que existen personas que llegan a cumplir los noventa años y siguen manteniendo intacta una pasión por vivir propia de la juventud, pasión de la que tanto nos ha hablado Federico Fellini en sus películas. Con los años cada cual experimenta en sí mismo la diáspora de los sentidos. La memoria se desgrana y el recuerdo de los sabores, sobre todo, inicia un viaje casi iniciático, como una odisea sensual e inevitable, desde el paladar hasta la tierra prometida del estómago. Es entonces cuando asumimos que el paso del tiempo en nuestras vidas no es una cuenta atrás en un cronómetro mortífero, y que el transcurrir de los años tiene mucho de racimo de uvas, de cestillo de cerezas o de orza de aceitunas aliñadas que vamos consumiendo sin importarnos el principio ni el final, atendiendo sólo a la pasión de saborearlas. ¡Qué próximo está sabor de saber! ¡Tan sólo a un tiro de vocal en la misma constelación de sensaciones!

Morirse, tenemos que asumirlo, es una cosa más de las muchas que te pasan cuando vives, pero con la salvedad –insalvable-- de que después que te has muerto ya no suelen pasarte muchas cosas más, al menos en este paraíso perdido de la vida terrenal que los mas agoreros y pusilánimes llaman valle de lágrimas.

En estos días se nos ha muerto en el regazo de todos nuestros proyectos José Rodríguez Fernández, a punto de cumplir noventa y un años, que ha sido durante la última década el Comendador decano de la Muy Ilustre y Noble Orden de los Caballeros de la Cuchara de Palo, y quien tenía la encomienda de oficiar la “queimada” con la que cada año  recordamos a los amigos ausentes, en el colofón de la cena en honor de San Antón y de los galardonados con  los Premios Nacionales “Cuchara de Palo”. Como buen orensano, José Rodríguez, a quien todos dimos el venerable título de “nuestro abuelo” y el nos concedió el privilegio de adoptarnos como sus nietos, hacía gala de una extraordinaria “retranca gallega”, esa peculiar manera de afrontar con fino humor las vicisitudes que nos plantea la vida. Sabiéndose el responsable de oficiar la “queimada” cada año, ya octogenario se desplazaba en su vehículo hasta Galicia desde  La Carolina y allí adquiría el mejor de los orujos gallegos para con él recordar a nuestros amigos ausentes. Aquel acto oficiado por él tenía mucho de liturgia sincera, porque José Rodríguez, ilustre abuelo de la Orden de la Cuchara de Palo, era tan autentico como la tierra, tan claro como el agua, tan transparente como el aire y tan entrañablemente indomable como el fuego que él hacía brotar del orujo.

José Rodríguez Fernández, Comendado de la Queimada de la Orden de la Cuchara de Palo

José Rodríguez, el “abuelo de la Toja” como cariñosamente era conocido, fue colono de la séptima generación de las Nuevas Poblaciones de Sierra Morena desde que  al comienzo de la década de los pasados años setenta se vino con su esposa Fina desde su pueblo natal de Melón, en Orense, a La Carolina, buscando otros horizontes  más propicios en los que ganarse la vida, y habiéndole dado durante casi cuatro décadas vida a unos nuevos horizontes, hoy hechos realidad en una notable saga de carolinenses, personalizados en su hijo José María, forjador del grupo de empresas La Toja y Maestre Vicepresidente de la Orden de la Cuchara de Palo, sus nietas Cristina, Pilar, Mari Carmen y Carolina, su nieto José María,  y sus varios bisnietos… y por qué no, en todos aquellos que compartimos con él el pan y el vino como hermanos en innumerables viajes y muchas comidas de la Orden.

José Rodriguez ultimando la queimada para ser repartida entre los asistentes de la cena de San Antón y los premiados con La Cuchara de Palo en 2005
 

 

Desde aquí imploro el párrafo final del conjuro de la Queimada con el que él abogaba por la amistad: “Forzas do ar, terra, mar e lume, a vós fago esta chamada: si e verdade que tendes máis poder que a humana xente, aquí e agora, facede que os espíritos dos amigos que están fóra, participen con nós desta Queimada.”  Sin lugar a dudas sin ti, nuestro apreciado “abuelo”, las “queimadas” de la Cuchara de Palo no serán lo mismo, pero seguiremos adivinando la tierra de tu autenticidad en el barro donde hacías arder el aguardiente gallego, seguiremos presintiendo el aire de tu sonrisa de gallego socarrón, seguiremos mirando en el agua la claridad sin dobleces de tu personalidad, y en el fuego del orujo adivinaremos que no te has ido del todo, porque cuando se está vivo se está vivo para siempre en el recuerdo y en el ánimo de los que tanto te hemos apreciado y te hemos respetado. Fieles a tu deseo no te enviamos flores el día que volviste a la tierra, pero no ha de faltar el vino el día próximo en que constatemos que no te has ido del todo. Y alguien habrá que como tú diga: ¡Qué carallo, pues que llenen! 

José María Suárez Gallego   José María Suárez Gallego 

Maestre prior de la Orden de la Cuchara de Palo.

Publicado en diario Diario Jaén el domingo 4 de julio de 2010.

Verlo en la edición escrita de Diario JAEN.



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El próximo capítulo será el nº 88 y se celebrará el sábado 21 de abril de 2012 en Guarromán, en la finca Matacabras.


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